TUMBADA CICATRIZ
Cuando queráis llamar por su nombre al deseo,
repetid la palabra
melancolía
LUIS GARCÍA MONTERO
Hoy me desperté inhóspita, terriblemente poeta,
toda una suerte de imágenes que se repiten
desde el fondo vencido de la casa;
el tintineo de la cuchara en el café
o estas voces que se consumen sobre el presente.
Todo
me ha hecho componer de nuevo el sueño
que estaba en la mañana como un huevo cascado,
derramando por la grieta esa viscosidad
clara que tiene la realidad desperezada.
De modo que volví a refugiarme en las sábanas,
a dormirme tan de ojos abiertos esta vez
que sólo me salían deseos por la boca
y al querer levantarme ya era tarde,
esta melancolía todo lo inundaba.
LO QUE PASA
No es en realidad lo transcurrido,
lo que fue, por ejemplo, conocernos
los nombres o las limpias manías
a través de aquel túnel que atravesaba
las estaciones, y nos dejaba a nosotros
hendidos de distancia y tan cerca sin embargo.
No es la fugacidad diaria tampoco,
esa colección de horas y silencio paralelo,
la tenaz construcción de un diálogo sencillo
sobre el que irse durmiendo casi sin ambiciones.
Lo que pasa es la ausencia de fronteras,
la incertidumbre unida a la certidumbre
de no saber apenas, sólo que estarás luego
para recoger tantas palabras aún no pronunciadas
o que mañana te veré en los espejos sonreír incompleta,
futura,
esperándome.
VERBENA
Siempre aspiré a que mis palabras,
las que llevo al papel,
continuasen llorando
porque yo las había llorado antes.
JOSE HIERRO
Yo también me he quedado sin las lágrimas
necesarias con que nombrar la niebla
de bosque envuelve a los hombres solos
y la cara gris de los animales
enjaulados y la percha que forman
las preguntas si, en vez de las respuestas,
colgamos solamente los abrigos.
Es necesario a veces ser preciso
con el llanto, escribir mirando al río:
latigazo de mar, herida abierta.
O andar la ciudad fiera y anotar:
un semáforo en rojo es una bala
al corazón de la palabra prisa.
Todo sea por no esconderse siempre
detrás de las esquinas con los ojos secos
o despertarse todas las mañanas
para beberse la sombra caliente
de un café como si fuese la propia.
Todo para adentrarse en los días
igual que nos colamos en una fiesta,
con la certeza de no encontrar nunca
a las personas que vamos buscando
y la esperanza de parecer simplemente
invisibles.
POEMA CON ADVERSARIO
Es la satisfacción de combatir a la duda.
El movimiento idóneo sobre el tablero.
Escoger la palabra, la expresión entre todas,
saber que no podrá ser ya otra nunca, sólo esa.
Escribirla en voz alta y no querer saber ya
qué podría haber sido si aquel adjetivo
era en realidad otro o ninguno,
si realmente aquel paisaje eran sus ojos.
Mirar al adversario y saludar triunfante
-diciembre de dos mil ocho-.
Cerrar el cuaderno como se abren los puños.
LOS FLACOS SÍMBOLOS
Es esta pobre sangre la que te hará
menos sola mañana si anochece y no estamos.
Pareceré borroso, pero nunca temas porque
vendré a la noche en punto para apartarte el pelo
de la frente y leer lentamente todo aquello
que, sobre la delgada línea del presente,
estoy intentando –triste y lúcido- contarte.
Volveremos a ser nítidos, igual que ahora,
-animales sin tiempo-,
y nunca olvidarás que alguna vez fui un muchacho
y mi amor caminaba sobre los flacos símbolos
con una sencillez que nunca más conocimos.
Que fui un muchacho y te quise
sobre cada palabra que, ahora que no estamos,
tú rescatas igual que a un libro de las llamas.
MI PLUMA
Mi pluma tiene la virtud innata
desde que la adquirí de haber sabido
guardar silencios; largos de cajón
y meses o sencillos, descapuchada
en una desnudez fiel y sin prisas,
aguardando de mis dedos una orden
que trajera a la luz lo que leéis.
Paciente ha soportado con valor
mis infidelidades de putero
sin tapujos
y el alma pendenciera de mis manos,
se ha tragado conmigo y como nadie
la saliva de barro del insomnio
con los ojos abiertos a la nada,
el peso de mis búsquedas nocturnas,
el humo de los flexos, los papeles
en blanco y mi tristeza peregrina.
Hay veces en que sólo nos miramos
sin nada que decirnos, quizás por
cansancio o porque ya esté todo escrito
y encierra en su columna una recámara
de venenos impresos y el sabor
a sílaba que guardan las ternuras.
Mi pluma esconde en su glóbulo negro
la clavícula blanca de un secreto
y el mar de abril con mi última ceniza.
EN VERDAD
Si se escribe septiembre, aunque se escriba
con números romanos y tremendos,
el otoño amenaza lindamente
con tres o cuatro gotas de la nada,
de esas que empapan dedos indefensos
y nos llegan igual que una oración
llena de interrogantes llega a dios.
Si el olor de la lluvia en el asfalto
revienta el corazón como un clavel
en mitad de la noche, es que algo ocurre,
hay ángeles sin paraguas que nos despiertan
y nos enseñan la muerte un segundo
antes de que olvidemos lo soñado
y hay soledades que rasgan la piel
con el colmillo blanco de la mañana.
En verdad, si el otoño se retrasa,
siempre quedarán juzgados de guardia
a los que recurrir nocturnamente
o alguna profecía que nos salve,
como esa que habla de que si se escribe
lentamente
sep
tiem
bre
con los labios mojados en tu nombre,
tocan el timbre y
que
tú regre
eres sas
em
pa
pa
da
SACAR PUNTA A UN LÁPIZ
Sacar punta a un lápiz, aspirar
la ceniza del beso que contuvo
unidos la madera y el grafito
y son ahora sólo hojas que caen
con cada nueva vuelta en la cuchilla,
pálidos abanicos, minifaldas
amarillas y negras de staedtler
que descubren la punta tenaz, mate,
alerta para los blancos senderos
de la página, como un soldadito,
igual que alguien dispuesto en dos palabras
a demolerse para ser un verso
y asume el riesgo de quedar borrado
sin inmortalidades ni testigos.
Sacar punta a un lápiz es volver
y en cada media vuelta descendemos
caminos sin saber bien los lugares
a los que se regresa, puede que sea
a aquella infancia en la que fuimos cómplices
-goma en ristre- de la equivocación,
para desde allí unir aquel tiempo a este:
promisorio presente de la duda.
THE WALLACE HARTLEY BAND
Wallace Hartley y su orquesta siguieron tocando
hasta que el Titanic empezó a hundirse
en las heladas aguas del Atlántico Norte.
Un resumen de cuerdas y de lágrimas.
Mientras, el miedo sube desde lejos
por la grieta y el hielo azul y limpio
huele a cama caliente y a las algas
que se enredan en el cuerno de la luna.
Aquí todo es desorden y oraciones,
salvo tu mano helada susurrando
notas en el oído de la muerte
y mi cuerpo trepando las estrellas.
Seguramente ya quede muy poco,
puede que algún minuto antes de que
se haga el silencio encima de las olas.
Cuando todo acabe quiero subir
al cielo como tu violín al fondo:
lento, esquivando el sueño de los peces.
MADRUGADA DE CHICLE Y OTRAS BAGATELAS
I
La madrugada de ahora es un chicle
de dos sabores: insomnio y saliva.
II
Las cuartillas en blanco son los días
que he ido olvidando sin maldad ni astucia.
III
Si digo “grieta” mi lengua parece papel
de celofán y algo se rompe.
IV
Ponemos el aceite en las bisagras
y así reconocemos la lascivia
de las casas, las ingles de las puertas.
V
Johny cogió su fusil
Sobre las camas de los hospitales
crecen las rosas con un beso en la frente.
VI
Cuando los dioses notan el metálico
sabor de las heridas, huyen hacia
el Olimpo sangrando mortalidad.
VII
Es cierto, mis pies huyen,
pero no reconocen el círculo.
VIII
Hasta mi pluma miente si pronuncio
-líquidas, negras- estas alambradas.
AMABA UN TIEMPO
Amaba un tiempo que nunca sabía
-de río lento, de bestia mansa-
cómo precipitaba vida abajo,
corriente su fluir con mis verdes días.
Amaba un tiempo; no una temporada,
no un mes, no una semana, no un reloj.
Sino las venas vivas en la sábana
y el sabor a hotel y a carne templada.
Amaba aquel vaivén blanco de entonces,
la nada, aquellas olas, aquella espina,
tu horizonte azul con sierpe de escarcha.
Porque tú eras el paso compañero
y la ola y el fluir que yo creía tiempo
que nunca supe,
y se precipitaba.
DIÁLOGO
En las noches de tormenta
dios se aparece por las grietas celestes.
Lo que dura un relámpago
ambos nos miramos –dios y hombre-
él suelta un trueno terrible,
nosotros un delgado diosmío.
CARTAS
Si se guardan en un cajón demasiado
tiempo, las palabras corren el dulce
peligro de acabar oliendo a aquello
que nombraban.
CAFÉS DE BIBLIOTECA
Los cafés de la biblioteca
son solubles, automáticos,
saben a rémora y asueto,
a urgencia, a charla, a beneplácito.
Tienen el espesor y el precio en paz,
son flemáticos o de un sorbo,
huelen siempre a palabra –pronunciada
o impresa-
se tornan en un chute necesario,
una excusa, un buche de aire
y un soplo de cafeína.
También son remordimientos, suspiros
de alivio o de utopía,
una droga, una esperancita
que nos espera a la hora en punto.
Así que el sagaz vidente que ve
o adivina el porvenir en
los posos fríos del café
debería estar aquí, buscar en
las papeleras y ponernos
a cada uno –pobres infelices-
un futuro a la medida
NOCHE EN EL RICK´S CAFÉ
Rick Blaine e Ilsa Lund
CASABLANCA
Yo no valgo mucho, pero es fácil
comprender que los problemas entre
pequeños seres no cuentan nada
en este loco mundo.
Un día así no se olvida,
los alemanes iban de gris
y tú vestías de azul.
Por entonces decías cosas como:
te quiero mucho y odio esta horrible guerra
o
el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos.
Eran días felices.
¿Cuánto tiempo ha transcurrido desde entonces?
Cuánto tiempo hasta que has aparecido
detrás del piano con los ojos tristes
y la intacta dulzura entre los dientes.
Era mi suerte haberte desterrado,
endurecerme el rostro desde dentro,
desde esta ciudad con sueños a saldo
donde la muchedumbre viene y va
de la esperanza a los blancos aviones
y uno se queda solo y sin alarmas.
Era mi suerte y has hecho que salte
en pedazos con mil olvidos tuyos.
El tiempo pasa, el tiempo está pasando.
Ahora suena un piano para mí
en esta madrugada de ficciones
y mi copa vuelve a estar colmada
de licor y de oscuros pensamientos.
No valgo mucho te digo despacio.
Yo no valgo mucho
y el tiempo pasa, el tiempo está pasando.
PARA QUE ME SOBREVIVAN MIS LIBROS
Para que me sobrevivan mis libros,
al caudal de muerte e incertidumbre,
necesito un buen hijo que los ame
y sienta también la necesidad
extrema de que a él le sobrevivan,
a su caudal de muerte e incertidumbre.
Le enseñaré, como conmigo no hicieron,
a no doblar las esquinas cuando
le venza el sueño y tenga que acudir
a los asideros de la memoria
en plena noche.
Le instaré, como a mí nunca me instaron,
a subrayar con el inocuo lápiz
las palabras que habrán de acompañarle
siempre, por si algún día en su camino
le urgieran y no supiera encontrarlas.
Le amarraré el corazón a las letras
y contaremos las templadas sílabas
con una sencillez dominical,
al tiempo que veré amarillearse
en unas manos jóvenes los años
que tuve el silencio y la juventud
intactos.
Pero si no es así, si mi hijo no ama
o si sólo existe en las terribles sombras,
para que me sobrevivan mis libros
sólo pido el respeto de una estancia
fresca, firmes anaqueles y una mano
que los rescate cada primavera
del exilio de bancos y miradas.
POEMA PARA DESPUÉS
En realidad no quiero que digas.
Tumbada cicatriz. Tan sólo déjate
lamer los lomos por los mil silencios
que sobrevengan cuando no quedemos
o este lápiz no sepa en qué posarse
abriendo la granada de los días.
Ojalá nunca sepas de mi boca
el lugar en que fui caído, olvido
de cada golpe en que te fui venciendo.
Para perderte sin prisa después
en cada labio que- futuro- te abra.
VELOCIDAD
Como pasan por estos huesos tardes
que fueron lenta táctica y decálogo,
recuerdo y esquema son ahora. Rápidas
fotografías que nadie captura,
liebres de luz, destino hecho ya carne.
Cuando se cumplen las promesas acaban
los sueños. Todo aquello que esperábamos
o temíamos con la incertidumbre
vagabunda de las horas pasantes,
frío encima de la mesa es ahora.
Dentro de nada existen nuestras bestias.
En un huido regreso van lamiendo
camino hasta nosotros, enseñando
por sus llagas la sangre descosida.
El miedo y el minuto que las han
devorado de aquellos calendarios
hasta esta sencilla velocidad.
Gracias Iván , por esta lectura peregrina 🌇
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ResponderEliminarMuchas gracias, Lluisa por pararte a leerlo. Un abrazo
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